No sé qué sucedió, ni pretendo
explicarlo. Sólo sé que aún merodeas por aquí.
Más de una vez, he vislumbrado
tu silueta observarme desde el contorno de la puerta. He notado, el
cómo te inmiscuyes en mis pensamientos, manifestándote como actos errados,
irrumpiendo en medio de alguna frase, en lo que parece a simple vista un mero descuido. Excusable, al ser atribuible a una juventud
disipada y a una imaginación febril.
Me has hecho voltear desde el coche o al pasear por el centro, al vislumbrar tu
figura observándome en el reflejo de más de alguna vitrina u espejo. He
percibido el anticuado eco de tus pasos aún caminar por el hall. Hubo ocasiones
en que incluso he oído el estrépito causado por alguna de tus risas, sin poder
identificar ya, qué fue lo que te hizo reír en esa ocasión particular.
Debo admitir que lo que me aterró fue tu olor. Esa particular
mescla de cigarros, tabaco amargo y destilados. Irrumpió mágicamente en el
entorno de lo que fue nuestro cuarto juntos, cual bomba imperceptible y certera.
Dirigida solo para mí. Cual si quisieras castigarme por alguno de los muchos
actos que he cometido en tu ausencia.
He oído decir que no hay mejor historia de amor, que la de aquel que murió y no
llego a buen término. Pero Amor,
luego de que se te dio por desaparecido hace algunos años. ¿En serio no
entendiste que era mejor dejarlo hasta ahí? Vamos, estamos sin resentimientos... En el fondo
incluso desde tu improvisado sepulcro, deberías entender que no fue personal.
